¿Qué pasa cuando la curiosidad se acaba?
Tratando de crear el modelo educativo de un proyecto, me encuentro de pronto con la necesidad de mirar la educación desde lo más esencial. Sabemos que el aprendizaje comienza cuando nuestros sentidos perciben algo y mandan las señales necesarias para que el cerebro haga conexiones neuronales y esa información se almacene y se convierta en algo útil o en un recuerdo.
Personalmente, me apasiona la neuropsicología del aprendizaje porque me parece increíble y mágica la forma en la que el cerebro humano procesa toda la información que recibe del exterior a través de lo más concreto que tiene el hombre que es su cuerpo!
Muchas teorías anteriores nos hacían pensar que el cuerpo y la mente se manejan por separado, pero ahora sabemos que el verdadero aprendizaje es el que involucra movimiento, emociones y sensaciones... es decir, experiencia.
Un par de días hacia atrás, observando a mi esposo y su forma de comportarse en sociedad, me di cuenta de la capacidad de asombro y curiosidad que tiene ante las experiencias nuevas. Estas características tan propias de los niños, son aquellas que realmente hacen mella en el aprendizaje porque finalmente , ¿qué es aprender? Es apropiarnos de la realidad, hacer nuestros algunos conocimientos y saberes, es habilitarnos para desarrollar lo que ahora llamamos competencias y que nos permitirán enfrentar aquellas situaciones que nuestro medio nos presente.
¿Pero qué pasa cuando perdemos la curiosidad por conocer lo diferente? ¿Cuando no nos sorprende nuestra realidad? ¿Cuando creemos que sabemos todo y que lo que conocemos es más importante que lo que conocen los demás? Cuando adoptamos esta actitud de sabios, de dueños del mundo o simplemente cuando nos conformamos con lo que nos enseñan en la escuela, en los medios, en el internet;ahí es cuando dejamos de aprender.
Aprender y aprehender, me enseñaron en la licenciatura, son procesos distintos en donde el primero involucra lo que sabes y el segundo tiene que ver con la forma en que aquello que sabes, te transforma porque lo interiorizas, lo haces tuyo, modifica tu cerebro y te hace ser mejor de lo que eras antes de conocerlo.
Pero si a nuestros niños no les enseñamos a mantener viva la curiosidad, la capacidad de asombro, matamos sus ganas de aprender y deshabilitamos su creatividad, se convierten entonces en seres pasivos que sólo consumen lo que otros les dan y ni siquiera vislumbran el daño que esto les causa.
Particularmente creo que a medida en que las escuelas se vayan transformando, y los maestros caigamos en cuenta de que lo más importante que podemos dejarles a nuestros alumnos son experiencias que perduren en su vida, más valiosas serán las prácticas educativas que lleven a nuestros niños a pensar, a imaginar, a crear nuevas formas de hacer las cosas, a ser productores de cultura.
En esta era es imperante que los maestros dejemos de lado la idea de que somos quien lo debe saber todo, que los temas a estudiar los dictamos nosotros porque los alumnos son los que no saben y que el currículo debe ser uno que se adapte a todos por igual... Sé que suena ilógico pensarlo de esta forma, pero en realidad es lo que sucede en la mayoría de las aulas. Es realmente complicado romper con los prejuicios y paradigmas que por décadas han imperado en la educación.
Es por esto que me atrevo a preguntar qué estás haciendo tú, como maestro, como directivo, como alumno, para crear un ambiente más participativo en donde se pueda cuestionar, proponer, crear, imaginar, curiosear...
Me encantaría leer tus respuestas y poder compartir con nuestra comunidad los proyectos o estrategias que utilizas para que en tu lugar de trabajo se mantenga la curiosidad, la capacidad de asombro y el deseo por aprehender.
“Aprender es descubrir que algo es posible"

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